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Otitis en niños: ¿cuándo es una infección más y cuándo hay que poner tubitos?

13 oct
6 min de lectura
Ilustración de la cabeza de un niño con el oído medio en vidrio lavanda

Pocas cosas angustian más a una mamá o un papá que una noche en vela con un niño que llora y se lleva la mano al oído. La otitis media es, de hecho, una de las razones más frecuentes por las que un niño acude al médico durante sus primeros años de vida: la gran mayoría tendrá al menos un episodio antes de los tres años, y muchos tendrán varios.


La buena noticia es que la mayoría de las otitis medias se resuelven sin mayores consecuencias. Lo que conviene conocer es que un grupo de niños las repite una y otra vez, o acumula líquido en el oído durante meses sin dolor evidente; ahí la otitis deja de ser «una infección más» y se convierte en un problema que puede afectar la audición y, con ella, el lenguaje. Distinguir un caso del otro es justo lo que evita tanto el sobretratamiento como la consulta que llega tarde.


¿Por qué los niños padecen tanto del oído?


La respuesta está en una estructura pequeña pero decisiva: la trompa de Eustaquio, el conducto que comunica el oído medio con la parte posterior de la nariz y se encarga de ventilarlo y drenarlo. En el adulto es larga, vertical y eficiente. En el niño es corta, estrecha y casi horizontal, así que se obstruye con facilidad y las secreciones de un resfriado o una rinitis terminan llegando al oído medio en lugar de salir de él.


A esa anatomía se suman otros factores: un sistema inmunológico todavía en formación, la altísima frecuencia de infecciones respiratorias en guarderías y escuelas y, muy a menudo, el tamaño grande de las adenoides. Cuando las adenoides están grandes o inflamadas, bloquean la salida de la trompa de Eustaquio y perpetúan el problema. Por eso el oído del niño se debe valorar en conjunto con su nariz y su garganta.


Los dos tipos de otitis que conviene distinguir


No todas las otitis son iguales, y confundirlas explica muchos tratamientos mal dirigidos.


Otitis media aguda


Es la otitis «clásica»: el oído se infecta, se llena de pus a presión y duele. Aparece dolor intenso —a menudo nocturno—, fiebre, irritabilidad y, en ocasiones, salida de secreción cuando el tímpano se perfora para aliviar esa presión. Es ruidosa, evidente y, en la mayoría de los casos, con adecuado tratamiento y vigilancia del médico, evoluciona bien.


Otitis media con derrame


También conocida como otitis serosa, es la otitis silenciosa y, por eso mismo, la más subestimada. No hay infección activa ni dolor: hay líquido atrapado detrás del tímpano que no termina de drenar. El niño no se queja, pero oye como si estuviera debajo del agua. Cuando ese líquido persiste semanas o meses, puede afectar la audición en una etapa crítica para el aprendizaje del lenguaje. Suele descubrirse solo cuando alguien nota que el niño sube el volumen, no responde cuando lo llaman o se distrae en clase.


Infografía: los dos tipos de otitis, aguda y con derrame

Las señales que no conviene pasar por alto


Conviene una valoración con el otorrinolaringólogo si reconoces varias de estas situaciones:


  • Tu hijo ha tenido tres o más otitis en seis meses, o cuatro o más en un año.

  • Se queja de dolor de oído de forma recurrente, o se lo toca y tira de él si todavía no habla.

  • Sube el volumen de la televisión o se acerca mucho para oír.

  • No responde cuando lo llamas o parece distraído desde hace semanas.

  • Habla menos, o menos claro, de lo esperado para su edad.

  • Tiene salida de secreción por el oído.

  • Respira por la boca, ronca o duerme inquieto, lo que puede apuntar a adenoides grandes.


Una otitis aislada y bien resuelta no exige al especialista. La repetición, la persistencia del líquido y cualquier sospecha sobre la audición, sí.


¿Cuándo es «una infección más» y cuándo hay que actuar?


Un episodio aislado de otitis media aguda, tratado de forma adecuada, suele quedar en una anécdota. El abordaje cambia cuando aparece un patrón: otitis de repetición, o líquido en el oído que no se va después de varias semanas y se acompaña de pérdida auditiva.


En esos casos, el otorrinolaringólogo explora el oído —y también la nariz— y, cuando es necesario, indica estudios como una audiometría o una timpanometría, que miden cómo está oyendo el niño y cómo se comporta el tímpano. Con esa información se define un plan: no todos los niños con otitis frecuentes necesitan cirugía, y no todos los que acumulan líquido deben esperar de forma indefinida. La decisión es individual.


Ilustración de un tubito de ventilación en vidrio lavanda sobre el tímpano
El tubito de ventilación es diminuto: ventila el oído medio y permite que el líquido drene.

Los tubitos de ventilación: ¿qué son y cuándo se indican?


Cuando el patrón lo justifica, el tratamiento más eficaz y mejor estudiado son los tubitos de ventilación, también llamados tubos de timpanostomía. Son diminutos cilindros que se colocan en el tímpano y cumplen una función muy concreta: ventilar el oído medio y permitir que el líquido drene, supliendo el trabajo que la trompa de Eustaquio, todavía inmadura, no logra hacer.


La colocación es un procedimiento corto y ambulatorio. Se realiza bajo anestesia general breve —porque el niño no tolera estar quieto—, no implica cortes externos ni puntos, y la mayoría de los niños retoma su vida normal el mismo día. Con el tiempo, los tubitos se desprenden solos a medida que el tímpano se renueva, sin necesidad de retirarlos, en la mayoría de los casos.


Los beneficios suelen ser rápidos y notorios: disminuye la frecuencia de las otitis, desaparece el líquido y, muy especialmente, el niño vuelve a oír con claridad. Para muchas familias el cambio más sorprendente es justo ese: un niño que de pronto responde a la primera, habla más y duerme mejor.


Infografía: oído con líquido atrapado y oído ventilado con tubito
Con el tubito, el oído medio se ventila y el líquido drena.

¿Qué puedes hacer como mamá o papá?


La anatomía no se puede cambiar, pero varios factores sí están en tus manos y reducen el número de episodios:


  • Evita por completo la exposición al humo de tabaco: es uno de los factores de riesgo más claros y modificables.

  • Mantén el esquema de vacunación al día.

  • Si alimentas con biberón, hazlo con el bebé semisentado, nunca completamente acostado.

  • Favorece la lactancia materna en los primeros meses cuando sea posible.

  • Atiende las alergias y la congestión nasal, porque alimentan el problema.


Y, sobre todo, no normalices la repetición. Si tu hijo «siempre se enferma del oído», eso no es lo esperable: es una señal para valorarlo a tiempo.


Preguntas frecuentes


¿Todas las otitis necesitan antibiótico?


No. Muchas otitis medias agudas, sobre todo en niños mayores y casos leves, mejoran solas, y a veces se opta por observar y controlar el dolor antes de indicar antibiótico. La otitis con derrame —líquido sin infección— no se trata con antibiótico. La decisión es médica y depende de la edad, la intensidad y los antecedentes.


¿Poner los tubitos duele?


La colocación se realiza bajo anestesia general breve, así que el niño no siente ni recuerda el procedimiento. En el postoperatorio las molestias son mínimas y la mayoría de los niños no requiere más que analgésicos comunes, si acaso.


¿Mi hijo puede nadar o bañarse con los tubitos puestos?


En general, sí. Las recomendaciones han cambiado y hoy se permite el baño y la natación habitual en la mayoría de los casos. El especialista indicará si conviene algún cuidado particular, como evitar el buceo a profundidad.


¿Los tubitos hay que retirarlos después?


En la mayoría de los casos, no. Están diseñados para desprenderse solos conforme el tímpano se renueva, habitualmente entre varios meses y un par de años después. El otorrinolaringólogo da seguimiento para confirmar que todo evoluciona bien.


¿La otitis puede afectar el lenguaje de mi hijo?


Puede hacerlo cuando hay líquido persistente que reduce la audición justo en la etapa en que el niño aprende a hablar: no oír con claridad significa no recibir bien los sonidos del lenguaje. Resolverlo a tiempo protege ese desarrollo, y es una de las razones por las que no conviene esperar de forma indefinida.


¿Por qué a mi hijo le dan otitis tan seguido y a otros no?


Influyen la anatomía individual de la trompa de Eustaquio, el tamaño de las adenoides, las alergias, la asistencia a guardería, la exposición a humo de tabaco y la edad. Es muy frecuente entre el primer y el cuarto año de vida, y la mayoría de los niños mejora conforme crece.


¿Cuándo debo llevarlo con el otorrinolaringólogo?


Cuando las otitis se repiten, cuando el líquido en el oído no se resuelve, cuando hay cualquier sospecha de que no está oyendo bien, o cuando además ronca y respira por la boca. Una valoración a tiempo evita complicaciones y aclara el panorama.


Si las otitis de tu hijo se repiten, no esperes


Agenda una valoración otorrinolaringológica con la Dra. Marisabel para revisar su oído, su nariz y su garganta.


 
 
 

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